Nota por @javigutierrez
Si bien los primeros indicios de la ciudad de Salamanca se remontan hasta unos 2700 años atrás, te aseguro que pocos lugares en el mundo te van a hacer sentir un viajero del tiempo como esta ciudad. Calles medievales, castillos y hasta la segunda universidad más antigua del mundo, todo rodeando una de las plazas mayores más hermosas de Europa. Salamanca es una aventura histórica por la España de flores y caballeros.
Fue en el 2011 cuando me instalé por seis meses. Mi pareja por ese entonces había conseguido un intercambio desde su universidad en Copenhague, a la de la ciudad española, lo que nos dio tiempo para disfrutarla en todo su esplendor.
El casco histórico esconde rincones de cuento. Las paredes exudan memoria. Los detalles son infinitos y todo eso te golpea en el primer vistazo, esa primera aproximación con la realidad de saber que aún existen sitios como este en el mundo.
No voy a repasar los mil sitios de interés que estamos obligados a visitar, pero, sin embargo, voy a destacar unos pocos que no llamaría imprescindibles, porque cualquier viajero que la recorra va a cruzarse con ellas una y otra vez, incluso aunque no quiera.
Pero recomiendo enfáticamente antes de visitarla, leer sobre la importancia de su universidad, una de las más prestigiosas del planeta entero. Entre las míticas paredes de Villamayor, cualquier audaz viajero va a encontrarse con los vítores, símbolos antiguos que la universidad de Salamanca usaba para distinguirse como ciudad académica, y que pronto otras variedades importantes de Europa adoptaron como práctica.
Algunos historiadores hasta relacionan esta práctica con la alquimia y la masonería, aunque no esté realmente comprobado.
Otro lugar extremadamente turístico, debo decir, es la rana de Salamanca. Un pequeño ornamento pintado en un cierto lugar de la pared de las Escuelas Mayores, que presenta como desafío a los recién llegados, descubrir su ubicación.
Con el tiempo esta pequeña rana, que está ubicada sobre la cabeza de una calavera, se convirtió en un símbolo de la ciudad y es muy divertido ir a ver las decenas de turistas mirando para arriba y apuntando con el dedo cada vez que creen verla.
Por último, pero no menos importante, debería ser obligado ir hasta la pala mayor en las horas de mayor actividad y sentarse al menos 3 o 4 horas a tomar un café y mirar la gente que llega, que camina, que pasa, que vive, que se encuentra, se saluda y continua.
La ciudad de Salamanca ocupa un lugar especial en la historia europea y lo más fascinante es que está a la vista en sus edificios, en sus calles y sus costumbres. A veces siento que no tiene el valor y la popularidad que se merece, y después me acuerdo que a veces, es por eso que logran mantenerse de esa forma.