Nota por
@fuerademapa
Mi aventura en Lisboa: entre tranvías, miradores y pastelitos de nata
Lisboa me recibió con los brazos abiertos y, desde que llegué, supe que esta ciudad me iba a enamorar. Apenas pisé sus calles adoquinadas, sentí que estaba viajando en el tiempo, pero con la frescura de una ciudad moderna que tiene la capacidad de mezclar lo antiguo y lo nuevo.
Día 1: El encanto de los tranvías y la Baixa
Arranqué mi primer día subiéndome al famoso tranvía 28. Esos tranvías amarillos que cruzan la ciudad parecen sacados de una película. Recorrer las calles empinadas de Lisboa a bordo de una de ellas es una experiencia obligatoria. En la zona de
Baixa,
Elevador de Santa Justa, desde donde tuve las primeras vistas panorámicas que me dejaron sin aliento. ¡Y eso era solo el comienzo!
Día 2: Miradores, fado y los imperdibles pasteles de nata
No hay nada como mirar Lisboa desde arriba. El
Miradouro da Senhora do Monte fue mi elegido para comenzar el día, y créanme, no me equivoqué. Las vistas son impresionantes. Después, fui directo al
Barrio Alto donde, entre callejones empedrados, me dejé llevar por el sonido del fado. No podés visitar Lisboa sin probar los
pastéis de nata, así que hice mi parada obligatoria en
Pastéis de Belém. ¡Una delicia que tenés que probar!
Día 3: Belém y un paseo por la historia
El último día lo dediqué a Belém, el barrio histórico de Lisboa. La
Torre de Belém y el
Monasterio de los Jerónimos me transportaron a otra época. No pude evitar sentirme pequeño frente a tanta historia y belleza arquitectónica. Si te gusta la historia, este es el lugar para vos.
Mis recomendaciones para tu visita a Lisboa
- Miradores: No te pierdas el Miradouro de Santa Catarina para ver el atardecer. ¡Es un espectáculo!
- Tranvía 28: Subite temprano para evitar las filas largas.
- Comida: Probá el bacalao en cualquiera de sus formas, pero mi favorito fue el Bacalhau à Brás.
- Fado en Alfama: Viví una noche de fado auténtico en este barrio lleno de historia y tradición.
- Paseos en barco por el Tajo: Tomate un descanso y navegá por el río para ver la ciudad desde otra perspectiva.
Mi aventura en Lisboa fue inolvidable. Cada esquina tiene una historia, y la mezcla de lo antiguo con lo nuevo te deja con ganas de seguir explorando. Si tenés la oportunidad, no lo dudes: armá tu valija y dejate sorprender por el encanto de esta ciudad.