Las lagunas del Chalten

Nota por @javigutierrezok
Que difícil es conectar emocionalmente con varios lugares en el mundo. Hace falta que converjan varios factores para que una persona, con determinada construcción social y cultural, sienta esa sensación en la piel cuando recorre un lugar. No todos los sitios lo logran, sin embargo hay uno que si: El Chalten.
Antes de ir ya me habían avisado lo que genera ese lugar en las personas, pero no se llega a entender o dimensionar, hasta que no estás ahí, respirando el aire patagónico de sus senderos, sintiéndote minúscula ante la inmensidad de sus lagos y mirando con admiración los detalles de sus cerros sobresalientes que atraviesan nubes.
Bienvenidos a El Chalten, esencia pura de la cultura patagónica.
El Chalten es de esos lugares que se adaptan a las necesidades del viajero. Podes disfrutar una semana entera si tenes el tiempo de adentrarte en los recovecos que rodean sus lagunas, como también podes pasar menos de 24 horas intentando sacarle el mayor provecho para llevarte una pequeña dosis de lo que significa este sitio único en el mundo.
En lo personal, pude experimentar los dos costados, sin embargo la primera vez pasé sólo 8 horas, y es de eso sobre lo que voy a hablar hoy.
Llegué desde Calafate, sobre las 10 de la mañana al centro del pueblo (el viaje es de unas tres horas y medias en auto). Nosotros fuimos por particular, pero hay un bus regular que tiene dos frecuencias diarias, ida por la mañana y vuelta por la tarde, y es la opción más económica, aunque no sabría decir cuáles son los precios actualmente.
Después de tomar un café en una cantina del lugar (y le digo cantina no por parecer snob, sino porque literalmente ese lugar parecía una cantina de película antigua), empezamos a caminar por el pueblo. El lugar es muy pequeño, y se recorre completo en una hora.
Pero todos vamos allí en busca de las famosas lagunas a los pies de Monte Fitz Roy, que realmente se llama cerro Chalten, que sígnica “montaña humeante” en la lengua tehuelche, por la cercanía con las nubes, pero en 1877 el perito Francisco Pascasio Moreno, o más conocido como “Perito Moreno”, decidió bautizarlo Fitz Roy, en honor al capitán del Beagle, Robert Fitz Roy, para llamar la atención de ciertos sectores del poder extranjero que podía financiar su exploración por la desconocida (para la cultura caucásica) Patagonia argentina.
Al día de hoy, el nombre Chalten está siendo reivindicado más y más, y es así nombrado por todos los locales y varías entidades oficiales del Estado.

Las lagunas

Cómo les decía, todos vamos al Chalten en busca de las lagunas que decoran el camino hasta la parte más alta del sendero, y ahí es donde entra el tiempo del viajero y la adaptación del sitio.
Si tenés poco tiempo podes ir a visitar solo la Laguna Capri. Es un sendero de dificultad moderada que lleva unas 2 o 3 horas de ida (con un primer kilómetro duro, aunque después se pone muy fácil) y el mismo tiempo de vuelta.
Cuando llegues, aunque cansado, no vas a poder creer lo que estás viendo. Yo fui en pleno invierno, con la dificultad del barrio, el hielo y la nieve. Sin contar lo pesada que son las botas especiales para hielo y la ropa de invierno por las bajas temperaturas patagónicas de julio, por lo que físicamente significó una gran exigencia, pero cuando llegué, la Laguna estaba completamente congelada al punto que podía patinar sobre ella y estaba en total soledad. El asombro fue increíble.
Me quedé allí unas 3 horas hasta que decidí volver, sabiendo que tenía que regresar para visitar la Laguna de los Tres y la Laguna Torre, las cuales son un trekking de mas de 20 kilómetros entre ida y vuelta, en el que llegas hasta el mismísimo pie del monte Chalten, pero esa es una historia para otra nota.

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