Nota por @javigutierrez
Cuando llegue a Estambul yo todavía no había pisado ningún país del continente asiático. Entonces al enterarme que la ciudad está dividida entre ambos, para mi significó la excusa perfecta para simbolizar mi primer acercamiento a ese suelo tan lejano en mi imaginario.
Para empezar tenes que saber que la gran mayoría de los atractivos más conocidos de la capital turca se encuentran en el lado europeo, por eso es recomendable alojarse ahí. Sin embargo, acá te voy a contar cómo llegar hasta Üsküdar, la parte asiática de la ciudad y que hacer ahí.

Primero hay que decir que es el estrecho hoy del Bósforo, lo que divide a la ciudad entre los dos continentes y cruzar de un lado a otro, es súper fácil y barato.
En mi caso, me fui hasta el puerto de Eminönü, junto al Bazar de las especias desde donde salen ferries todo el tiempo. El viaje dura unos 20 minutos y cuesta unos 30 centavos de euro, o sea ¡nada! Y a eso sumale que el pase es fantástico porque navega el Cuerno de Oro.

La otra forma es un tren subterráneo que pasa por debajo del agua y tarda unos 5 minutos y cuesta unos 60 céntimos de euro. ¡Yo recomiendo el ferry definitivamente!
Una vez en Üsküdar, vas a disfrutar de una Estambul bulliciosa y más auténtica, alejada del negocio del turismo. Un lugar clave para recorrer es la Plaza del muelle donde también vas a encontrar a poco metros la mezquita Mihrimah.

Sin embargo, yo lo que hice fue ponerme a recorrer esa parte de la ciudad. Descubrir una cara nueva de la capital turca, la cual llegué a sentir más cercana a las ciudades marroquíes que a la elegante Estambul.
Recuerdo haber estado recorriendo el paseo marítimo y ver desde la orilla la parte europea y sus monumentos, y sentir realmente la distancia entre las dos culturas, aunque realmente formen parte de una misma metrópolis.
Quizás era el deseo de sentirlo así y hacer de la experiencia simbólica una realidad. Por supuesto que, a partir de ese momento, pude pavonearme de haber estado en Asia, aunque realmente no conocería la verdadera cultura asiática hasta años después, cuando me fui a recorrer gran parte de Japón en coche, pero esa es otra historia.
Sin embargo, esta quedó marcada en mi bitácora de viaje como la primera vez que pise Asia.