Nota por
@javigutierrezok
Se acerca la navidad y también los recuerdos transformados en textos de las fiestas en el extranjero y las experiencias culturales que las hacen únicas.
Uno de los momentos más fantástico sobre esta fecha, fue cuando pasé navidad en Dinamarca y tuve que ir al bosque a elegir mi propio árbol de navidad (en estas semanas les estaré contando más sobre aquellas fiestas en tierras escandinavas).
La historia
Ni bien amaneció, partimos en busca de nuestro propio árbol de navidad. Una tormenta de nieve empezaba a azotar al continente europeo. Aquella fue una de las olas polares más intensas. Fuimos con el coche hasta donde pudimos y seguimos el resto a pie. Elegir el árbol perfecto es todo un ritual en Dinamarca. La nieve nos llegaba a la cintura y teníamos los pies congelados, sin embargo estaba a punto de cumplir uno de mis grandes sueños viajeros: vivir una
“White Christmas”. Nada podía fallar.
Por aquellos años yo estaba radicado en el país de los vikingos. Compartía un piso en Copenhague con mi pareja de aquel entonces, Ems. Ella venía de una ciudad pesquera llamada Rønne, ubicada en Bornholm (también conocida como “La Perla del Báltico”), donde vivían sus padres.
The day before Christmas
Llegamos a Rønne durante la madrugada del día anterior a navidad (que en Dinamarca es el 23 de diciembre, ya que a diferencia de la mayoría de los países cristianos, donde Jesús nació el 25, en el país vikingo lo hizo un día antes. Sin embargo, para mí, la navidad tiene poco que ver con una tradición religiosa. Ni bien al llegar, nos avisaron que teníamos un par de horas para dormir antes de partir directo al bosque a cortar el árbol.
El árbol en Dinamarca es muy importante, pero en Rønne es incluso más. Si bien en las afueras de Copenhague hay plantaciones de “piceas noruegas” (que es el famoso árbol de navidad que en Argentina replicamos en plástico y metal), la mayoría lo compra ya cortado en mercados navideños e incluso en supermercados. En cambio, en Bornholm, la gran mayoría de los isleños lo cortan de bosques previamente plantados con este tipo de árbol (solamente para uso navideño) y son pocos los que lo compran cortado.
Partimos temprano en dirección al bosque. Éramos seis. La nieve caía cada vez más fuerte. Si buscan en internet sobre la ola polar durante la última semana de diciembre de aquel 2010 en Europa, van a encontrar que el lugar más afectado fue Bornholm.
“Si te gusta algún árbol ponele un guante en la punta para reservarlo”, me dijeron al llegar y así lo hice. Después de haber recorrido el lugar exhaustivamente y entre todos haber repasado todos los árboles reservados, elegimos uno (no fue el mío) y lo cortamos. Repito, estos bosques están plantados puntualmente con este tipo de árbol y con este fin. No son bosques cualquieras. Para cuando emprendimos la vuelta, la nieve nos llegaba a las rodillas.
Una vez en la casa lo decoramos con velas, piñas de pino y galletitas de jengibre con formas navideñas y lazos de colores. En la punta pusimos un ángel de tela bordado, que había pertenecido a la abuela de Ems (fallecida el año anterior). Así nos fuimos a dormir. Seguía nevando. Faltaban pocas horas para navidad.
Continuará…