Por @javigutierrezok
Después de muchos años viajando uno agradece los pequeños detalles que lo hacen sentirse un poco en casa. Aquel día llegué a Barcelona y algo me dijo que no sería una ciudad más. La Rambla ruidosa, un cliché de turistas de esos que te alertan que lo auténtico está en otro lado, y sin embargo yo me sentía bien. Seguí descubriendo todo poco a poco, paso a paso, con las sensaciones a flor de piel, y el instinto no me fallaba, fue amor a primera vista, la ciudad condal había llegado a mi como los turcos a Constantinopla, ya nada sería igual.
Bienvenidos a Barcelona, ciudad de libros y dragones.
Lo primero qué hay que saber de la capital catalana es que, si bien está repleta de monumentos históricos y sitios de interés turístico, la ciudad en sí es el mayor atractivo para el viajero. Caminarla completa disfrutando su arquitectura, sus mercados, sus Barrios históricos, es la primera de las visitas y la más importante.
Hay algo de Barcelona que enamora en el aire con solo acoplarse a ella a través de sus rincones. Sobre todo en sus vecindarios más famosos. El Gótico y el Raval, separados por las famosas ramblas de Cataluña, son quizá el primer acercamiento del curioso que comienza a recorrerla.
Entre sus calles oscuras y salidas de un cuento de plagas y cólera, el gótico se presenta imponente como el punto más antiguo de la ciudad, que, con una historia de más de 2 mil años, terminó dando origen a Barcelona. El punto de interés más importante: la catedral de Barcelona.
Sin embargo no podes abandonar el quartier sin hacerte una de las fotos más clásicas de la visita a Barna, en el Pont del Bisbe.
Otros puntos imprescindibles de nuestra primera visita son el arco del triunfo ubicado en el distrito de ciutat Vella donde varios años después termine uniéndome a los cientos de catalanes que cada domingo copan el parque de La Ciudadela.
Si de Barrios hablamos, cada ciudad tiene su Soho y Barcelona no es la excepción. En este caso, el espíritu hipster de panaderías y cafés se encuentra en la Vila de Gracia, otro sitio que, como todo lo mejor de la capital catalana, se descubre caminando.
La Barcelona de Gaudi: de más está decir que el excéntrico arquitecto catalán tuvo una gran influencia a lo largo y ancho de la ciudad, al punto que es posible recorrerla armando un tour entre su legado. Desde las farolas de plaza real, hasta la sagrada familia o el Parc Guell, sus obras representan el espíritu del poblador más propio que infla el pecho sin dudar cada vez que le nombran la Casa Batllo o la Pedrera.
Sin embargo, como dije antes, el mayor atractivo de Barcelona es recorrerla punta a punta caminando, disfrutando de sus rincones y su gente, de su fútbol y su gastronomía. De su moda y sus costumbres más auténticas. Por eso Barcelona fue amor a primera vista y por eso me terminé quedando 5 años después de conocerla, porque es tan cosmopolita, que termina convirtiéndose en el hogar que muchos estamos buscando y que no todos encuentran.


